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22.11.07
Justo Pastor Mellado
El siguiente invitado fue Justo Pastor Mellado. Justo vino desde Chile invitado por el Levante, pero además de compartir con nosotros un día de taller, dio una charla en la Facultad de Humanidades y Artes. Para esa oportunidad él preparo una exposición, donde, entre otros temas, hacía referencia a dos tipos de curadores –él, además de ser periodista, es curador, entre otras cosas, porque también lo hemos visto actuar en un video, posteriormente, jeje-, decía entonces: el curador de servicio y el curador de infraestructura. Siempre posicionándose desde Latinoamérica y con la propuesta de trazar nuevos mapas de lecturas de la historia del arte, por ser nosotros mismos parte de la “periferia”, la figura del curador se define entonces como crucial a la hora de trazar los recorridos que cuentan, justamente, la historia. Esta charla en la facultad dio –y da- para larguísimo, así que desde el taller mismo se armó un grupo “virtual” de discusión, en torno a este tema y a muchos más que fueron surgiendo (el grupo charlaycharla).
El viernes siguiente Justo se encontró con muchos de los chicos del taller, en donde cada uno le hizo conocer su obra, y justo ofició como “crítico”, o más bien, como “propositor”… Según supe después, Justo habla y habla y dice realmente todo lo que piensa, así que hubo más de un malherido a partir de sus palabras –malherido en los mejores términos, ya que muchos fueron capaces de separarse de la propia obra y repensarla a partir de las palabras de J.P.
Creo que el momento más rico fue el sábado, en el encuentro del taller.
Porque si bien se continuó con una serie de cuestiones que habían comenzado el jueves y el viernes, el sábado se habló muchísimo sobre la experiencia Levante.
Justo sostiene que la Universidad genera un contexto de ficción, de formación, pero que el mundo real, el de los intercambios reales, está afuera. El posicionaba al Levante como un lugar para la negociación con el espacio artístico real – “ustedes ya son artistas y deben comportarse como tales”, nos decía- , haciendo hincapié en que el espacio producido en el taller es un espacio real de circulación y de producción de lo artístico.
Él habló también del sistema de las habilitaciones, es decir, de cómo todo es reconocimiento, en primera instancia, por parte de los pares, y finalmente por el artista mismo. Porque, si estamos hablando de espacios de circulación de la producción y de la experiencia, no debemos, para nada, olvidar los dispositivos de la transmisión del saber sobre –y de- el arte: los pares son esos elementos de la cadena de no-ficción que hacen posible la transmisibilidad de la producción, y sobre todo, de la experiencia supuestamente “intransmisible”.
- cómo se puede pensar la “transmisibilidad” de una experiencia como el Levante para que no quede cerrado en sí mismo? (anoté por ahí)
Porque Justo decía, muy correctamente, que el taller es un dispositivo de transmisión, y debe reconocerse y cumplir ese rol como tal. Un espacio que alberga productores y que debe producir los dispositivos para que estos mismos productores no queden encerrados en el propio dispositivo, sino que el dispositivo debería ser la misma producción –del taller-.
Porque, de alguna forma, una obra aparece no cuando es creada, sino cuando es puesta dentro de un sistema de discusión – y relación - junto a sus pares obras, y eso es coyuntural.
El Levante, entonces, tendría que reconocerse como plataforma para lanzar – y crear- un otro mundo real que genere, a su vez, esta misma coyuntura del surgimiento. Porque así pueden entenderse las producciones: en contexto y en juego.
(y Justo me mata cuando lea este texto)
5.11.07
marcelo exposito
Desborde.
Producción de subjetividad.
Desborde del sujeto, o sujeto desbordado : cuerpo vibrátil
Estos fueron los conceptos que más me hicieron eco estos días.
El desborde porque se me hace evidente, constantemente.
Producción de subjetividad, también. Pero ojo.
Sábado: Marcelo Expósito se presentó el sábado en el levante. Su tercera visita a Rosario, la segunda vez que acudo a un encuentro. La presentación del sábado me resultó riquísima por un lado, confusa por otro.
Asistimos a un momento de “relajación”, un impasse, un período de asentamiento y revisión de ideas, conceptos y prácticas, a la par que revisionamos, justamente, los límites y los desbordes en lo que hace a la crítica (general) de las instituciones (en general). Reposo? No lo creo.
Al menos, no viendo el entusiasmo de marcelo. O puede el entusiasmo además ser una de las formas del “acomodamiento” de las ideas? Armamos un rompecabezas? Encontramos alguna respuesta?
Desborde. Fue, literalmente, un desborde de información nueva. De colectivos nuevos (al menos para mí). Esta cuestión me hizo pensar, sumado a una formulación de Marcelo el martes en el parque españa: siguen existiendo, como tales, el centro y la periferia? Sí y no, como diría él.
Sí en lo que a nueva información y actualizaciones se trata (aunque esto me detengo a pensarlo, considerando – y queriendo, deseando casi- que a partir de la existencia de internet no quedarían “rincones inexplorados”.
(“en un mundo unificado es imposible exiliarse”, decía De(s)bord)
Me adelanto nuevamente a Marcelo el martes: “el desconocimiento de algunas obras y autores permite nuevas codificaciones”. Exacto. No conviene, entonces, pensarnos, a nosotros “periferia”, como la alternativa a las lecturas ya hechas? Esto es un punto a favor. Lo pienso en voz alta, porque siempre tendemos a atacar negativamente este tipo de dicotomías. Vuelvo a pensar, no deberíamos aprovecharnos de esto?
Un punto extraño (que se dio el sábado y además los días del seminario) encierra el concepto de “construcción de subjetividad”. Porque me parece un concepto bastante complejo para no profundizarlo, para no cerciorarse que todos estén al tanto de él. Creo que puede ser un concepto amplio, y justamente, que encierre un punto de vista “subjetivo”.
Mi conclusión del día : la estética del desborde. Como propuesta.
Lunes: después del parque españa pensaba esto: las “obras” están ahí para tomarlas. Para armar nuestros propios recorridos de lectura. Esto es lo que más me interesa de las exposiciones de Marcelo: las “alternatividades”. Recuerdo por momentos la lógica de los Wu Ming, el decidir desde donde contar la historia, y el “develar”. Contar, por qué no, las otras historias.
Mientras se proyecta el video del Grup de Treball pienso “ una imagen de una marcha son todas las imágenes de las marchas”. Me parece que el problema aquí es mío, pero lo sigo pensando.
Poco a poco se destila la idea de la producción del sujeto espectador. Retomamos puntos del seminario del año pasado para armar esta idea. Acá es donde veo la genialidad de Marcelo: en el encontrar los puntos perdidos para armar la historia à que obviamente no es lineal.
Maldigo por lo bajo nuestra formación académica basada en “hits” de la historia del arte, en movimientos que derrocan uno a otro, porque nos condicionan. Por suerte existe el desborde.
Vuelvo a pensar en el sábado, cuando él nos dice que la pregunta “esto es arte?” es inútil, y vuelvo a la pregunta que formulé yo en el taller “por qué esto es arte?” y me siento una inútil. O no. Como hablaba con Graciela, son preguntas que hay que hacer para darnos cuenta que estamos equivocados, y que hay que hacer otra pregunta.
Sumado al desborde, otro concepto: contaminaciones. Coletazos.
Cuando habla de “conceptualismo” y de los diferentes momentos en que este se manifiesta, vuelvo a pensar en esta cuestión centro- periferia. Y aquí pienso en el modernismo brasilero, en el movimiento Antropófago. Otra punto a favor para la “periferia”.
Y aquí vuelvo al sábado. Se hablaba de momento de reflexión, de revisión.
Pienso que todas las corrientes artísticas fueron lanzadas al mundo. Para ser retomadas o descartadas. Quizas esa sea también la revisión, la revisión de todas juntas para evitar la lectura lineal e historicista. El conceptualismo es un buen ejemplo, el dadaísmo, el situacionismo.
“el cuadrado rojo sobre negro de Malevitch es igual al afiche de Silence=Death de Act Up”
“el Pabellón de El Lissitzky parece el almacén de Ne Pas Plier”
(notas mía en el cuaderno de apuntes)
Vuelvo al concepto “contrucción de subjetividad”. Marcelo hace un extenso desarrollo del proceso paulatino de introducción del público en la obra, del papel de éste, de que se convierte en parte del dispositivo mismo, y, que a su vez, se repite a sí mismo para reformularse en un movimiento paradójico.
“en el mismo movimiento que se critica cada vez más a la institución se da más lugar al público, a qué es ese público, casi como si ese público fuese “aliado” del artista” (otra nota mía, repensable).
Martes: este segundo día marcelo desarrolla al feminismo como movimiento de ruptura que se suma a otros movimientos surgidos en las décadas de los 60-70.
Ante la palabra feminismo no puedo dejar de pensar en el chiste fácil que siempre recuerdo de una película: “el feminismo es un invento machista que pretendía que la mujer se libere para así entregarse sexualmente más facilmente al hombre”...en fin.
Es muy interesante la variedad de los videos, porque trabajan desde un punto de vista femenino y no feminista, o sea, no lo entiendo (al menos yo) como manifestaciones anti-masculinas sino como un rescate de lo femenino desde su “otredad” (otredad en el buen sentido, otredad como otro punto de vista de la misma historia masculina y lineal).
El cuerpo femenino como formador de subjetividad, como desbordado, también aquí.
Igualmente, en el video de Carolee Sheeman encuentro una contradicción. Dentro del supuesto “no porno” hay elementos del porno, como ser el plano detalle de los órganos genitales. Aunque, claro está, dentro de un contexto atemporal, casi onírico, que quizas permite ese desborde más “experimental”.
Un momento aparte –y sublime- : el video de Sadie Benning.
Enseguida pienso en la construcción de la propia historia y del propio personaje, justamente, como decía Marcelo, sin la cuota trágica que hace su aparición en la adolescencia.
Enseguida pienso en el film Tarnation (de Jonathan Caouette, 2003). La cara trágica, el mostrarse desmesurado, desbordado, ansioso. Pienso aquí en los foto-egologs, y en la construcción artificiosa y a la vez vacía del propio yo. Y a su vez en el rescate del yo delante del otro.
Otra vez, el desborde. Como construcción y como plataforma.
Siempre se trata de fundar lugares para el desborde y el intercambio.
Producción de subjetividad.
Desborde del sujeto, o sujeto desbordado : cuerpo vibrátil
Estos fueron los conceptos que más me hicieron eco estos días.
El desborde porque se me hace evidente, constantemente.
Producción de subjetividad, también. Pero ojo.
Sábado: Marcelo Expósito se presentó el sábado en el levante. Su tercera visita a Rosario, la segunda vez que acudo a un encuentro. La presentación del sábado me resultó riquísima por un lado, confusa por otro.
Asistimos a un momento de “relajación”, un impasse, un período de asentamiento y revisión de ideas, conceptos y prácticas, a la par que revisionamos, justamente, los límites y los desbordes en lo que hace a la crítica (general) de las instituciones (en general). Reposo? No lo creo.
Al menos, no viendo el entusiasmo de marcelo. O puede el entusiasmo además ser una de las formas del “acomodamiento” de las ideas? Armamos un rompecabezas? Encontramos alguna respuesta?
Desborde. Fue, literalmente, un desborde de información nueva. De colectivos nuevos (al menos para mí). Esta cuestión me hizo pensar, sumado a una formulación de Marcelo el martes en el parque españa: siguen existiendo, como tales, el centro y la periferia? Sí y no, como diría él.
Sí en lo que a nueva información y actualizaciones se trata (aunque esto me detengo a pensarlo, considerando – y queriendo, deseando casi- que a partir de la existencia de internet no quedarían “rincones inexplorados”.
(“en un mundo unificado es imposible exiliarse”, decía De(s)bord)
Me adelanto nuevamente a Marcelo el martes: “el desconocimiento de algunas obras y autores permite nuevas codificaciones”. Exacto. No conviene, entonces, pensarnos, a nosotros “periferia”, como la alternativa a las lecturas ya hechas? Esto es un punto a favor. Lo pienso en voz alta, porque siempre tendemos a atacar negativamente este tipo de dicotomías. Vuelvo a pensar, no deberíamos aprovecharnos de esto?
Un punto extraño (que se dio el sábado y además los días del seminario) encierra el concepto de “construcción de subjetividad”. Porque me parece un concepto bastante complejo para no profundizarlo, para no cerciorarse que todos estén al tanto de él. Creo que puede ser un concepto amplio, y justamente, que encierre un punto de vista “subjetivo”.
Mi conclusión del día : la estética del desborde. Como propuesta.
Lunes: después del parque españa pensaba esto: las “obras” están ahí para tomarlas. Para armar nuestros propios recorridos de lectura. Esto es lo que más me interesa de las exposiciones de Marcelo: las “alternatividades”. Recuerdo por momentos la lógica de los Wu Ming, el decidir desde donde contar la historia, y el “develar”. Contar, por qué no, las otras historias.
Mientras se proyecta el video del Grup de Treball pienso “ una imagen de una marcha son todas las imágenes de las marchas”. Me parece que el problema aquí es mío, pero lo sigo pensando.
Poco a poco se destila la idea de la producción del sujeto espectador. Retomamos puntos del seminario del año pasado para armar esta idea. Acá es donde veo la genialidad de Marcelo: en el encontrar los puntos perdidos para armar la historia à que obviamente no es lineal.
Maldigo por lo bajo nuestra formación académica basada en “hits” de la historia del arte, en movimientos que derrocan uno a otro, porque nos condicionan. Por suerte existe el desborde.
Vuelvo a pensar en el sábado, cuando él nos dice que la pregunta “esto es arte?” es inútil, y vuelvo a la pregunta que formulé yo en el taller “por qué esto es arte?” y me siento una inútil. O no. Como hablaba con Graciela, son preguntas que hay que hacer para darnos cuenta que estamos equivocados, y que hay que hacer otra pregunta.
Sumado al desborde, otro concepto: contaminaciones. Coletazos.
Cuando habla de “conceptualismo” y de los diferentes momentos en que este se manifiesta, vuelvo a pensar en esta cuestión centro- periferia. Y aquí pienso en el modernismo brasilero, en el movimiento Antropófago. Otra punto a favor para la “periferia”.
Y aquí vuelvo al sábado. Se hablaba de momento de reflexión, de revisión.
Pienso que todas las corrientes artísticas fueron lanzadas al mundo. Para ser retomadas o descartadas. Quizas esa sea también la revisión, la revisión de todas juntas para evitar la lectura lineal e historicista. El conceptualismo es un buen ejemplo, el dadaísmo, el situacionismo.
“el cuadrado rojo sobre negro de Malevitch es igual al afiche de Silence=Death de Act Up”
“el Pabellón de El Lissitzky parece el almacén de Ne Pas Plier”
(notas mía en el cuaderno de apuntes)
Vuelvo al concepto “contrucción de subjetividad”. Marcelo hace un extenso desarrollo del proceso paulatino de introducción del público en la obra, del papel de éste, de que se convierte en parte del dispositivo mismo, y, que a su vez, se repite a sí mismo para reformularse en un movimiento paradójico.
“en el mismo movimiento que se critica cada vez más a la institución se da más lugar al público, a qué es ese público, casi como si ese público fuese “aliado” del artista” (otra nota mía, repensable).
Martes: este segundo día marcelo desarrolla al feminismo como movimiento de ruptura que se suma a otros movimientos surgidos en las décadas de los 60-70.
Ante la palabra feminismo no puedo dejar de pensar en el chiste fácil que siempre recuerdo de una película: “el feminismo es un invento machista que pretendía que la mujer se libere para así entregarse sexualmente más facilmente al hombre”...en fin.
Es muy interesante la variedad de los videos, porque trabajan desde un punto de vista femenino y no feminista, o sea, no lo entiendo (al menos yo) como manifestaciones anti-masculinas sino como un rescate de lo femenino desde su “otredad” (otredad en el buen sentido, otredad como otro punto de vista de la misma historia masculina y lineal).
El cuerpo femenino como formador de subjetividad, como desbordado, también aquí.
Igualmente, en el video de Carolee Sheeman encuentro una contradicción. Dentro del supuesto “no porno” hay elementos del porno, como ser el plano detalle de los órganos genitales. Aunque, claro está, dentro de un contexto atemporal, casi onírico, que quizas permite ese desborde más “experimental”.
Un momento aparte –y sublime- : el video de Sadie Benning.
Enseguida pienso en la construcción de la propia historia y del propio personaje, justamente, como decía Marcelo, sin la cuota trágica que hace su aparición en la adolescencia.
Enseguida pienso en el film Tarnation (de Jonathan Caouette, 2003). La cara trágica, el mostrarse desmesurado, desbordado, ansioso. Pienso aquí en los foto-egologs, y en la construcción artificiosa y a la vez vacía del propio yo. Y a su vez en el rescate del yo delante del otro.
Otra vez, el desborde. Como construcción y como plataforma.
Siempre se trata de fundar lugares para el desborde y el intercambio.
9.9.07
Fernanda Laguna
La segunda invitada del año fue Fernanda Laguna.
Yo pensaba encontrarme con una persona más grande, pero resultó ser que Fernanda es casi una nena.
Antes del encuentro Luján nos había mandado unos textos suyos, bastante coloquiales, aniñados también, con ese toque del “cualquier cosa” que ella posteriormente utilizará para referirse de su obra.
Fernanda creó –junto a dos amigas más- el espacio Belleza y Felicidad en Capital Federal. Este espacio se caracterizó por otorgarle un nuevo “estatuto” a las obras de arte, por modificar, en cierta manera, la forma en que el arte se muestra y circula, por otorgarle una frescura al acartonamiento al que estamos acostumbrados en este circuito bastante convencional.
Ella nos hizo una retrospectiva de su vida –no de su trabajo- comenzando casi por su niñez, sus escuelas, sus experiencias. Vimos fotografías de sus trabajos, vimos algunas ediciones que circulan por el espacio de ByF, todo acompañado de una espontaneidad bastante contagiosa, de la que se desprendía, además, una idea de “precariedad” (pero aquí presentada como valor, como posibilidad, como punto de partida para el hacer).
Por momentos, esta precariedad puede parecer chocante, porque parecería que el camino recorrido fue bastante azaroso, que lo grande del espacio que creó la excedía (esto último
Fernanda lo comentó, casi con tristeza, pero también como una etapa a superar), pero toda la charla es una mezcla de pruebas y errores, de probar porque parece que es por acá, o de una intuición de cómo hacer determinadas cosas, y fundamentalmente, de un deseo increíble de “no creer” que lo que uno hace es tan importante.
Fernanda dijo algo fundamental: “los nuevos medios, las nuevas tecnologías, son la gente y las relaciones que entre ellos se generan”.
Esta frase tan simple contiene la idea exacta del trabajo en el arte:
el taller del levante es casi una fuente de conocimiento inmaterial, donde nos relacionamos y producimos pensamiento a través de las obras individuales.
Después de almorzar, cada uno se presentó y comentó brevemente cuál era su proyecto individual en El Levante. En la sobremesa llegó Mariela Scafati, que es compañera de Fernanda en el espacio ByF y además integra el Taller Popular de Serigrafía (TPS), además de las dos haber trabajado en la creación de la “editorial” Eloísa Cartonera.
Una vez terminado el encuentro, algunos fuimos con Fernanda al bar de la esquina y continuamos charlando. Fernanda perdió su billetera y ahí comenzó una peripecia de llamadas telefónicas, idas y vueltas. hasta que la encontramos, obviamente, en el baúl del auto de Luján.
Yo pensaba encontrarme con una persona más grande, pero resultó ser que Fernanda es casi una nena.
Antes del encuentro Luján nos había mandado unos textos suyos, bastante coloquiales, aniñados también, con ese toque del “cualquier cosa” que ella posteriormente utilizará para referirse de su obra.
Fernanda creó –junto a dos amigas más- el espacio Belleza y Felicidad en Capital Federal. Este espacio se caracterizó por otorgarle un nuevo “estatuto” a las obras de arte, por modificar, en cierta manera, la forma en que el arte se muestra y circula, por otorgarle una frescura al acartonamiento al que estamos acostumbrados en este circuito bastante convencional.
Ella nos hizo una retrospectiva de su vida –no de su trabajo- comenzando casi por su niñez, sus escuelas, sus experiencias. Vimos fotografías de sus trabajos, vimos algunas ediciones que circulan por el espacio de ByF, todo acompañado de una espontaneidad bastante contagiosa, de la que se desprendía, además, una idea de “precariedad” (pero aquí presentada como valor, como posibilidad, como punto de partida para el hacer).
Por momentos, esta precariedad puede parecer chocante, porque parecería que el camino recorrido fue bastante azaroso, que lo grande del espacio que creó la excedía (esto último
Fernanda lo comentó, casi con tristeza, pero también como una etapa a superar), pero toda la charla es una mezcla de pruebas y errores, de probar porque parece que es por acá, o de una intuición de cómo hacer determinadas cosas, y fundamentalmente, de un deseo increíble de “no creer” que lo que uno hace es tan importante.
Fernanda dijo algo fundamental: “los nuevos medios, las nuevas tecnologías, son la gente y las relaciones que entre ellos se generan”.
Esta frase tan simple contiene la idea exacta del trabajo en el arte:
el taller del levante es casi una fuente de conocimiento inmaterial, donde nos relacionamos y producimos pensamiento a través de las obras individuales.
Después de almorzar, cada uno se presentó y comentó brevemente cuál era su proyecto individual en El Levante. En la sobremesa llegó Mariela Scafati, que es compañera de Fernanda en el espacio ByF y además integra el Taller Popular de Serigrafía (TPS), además de las dos haber trabajado en la creación de la “editorial” Eloísa Cartonera.
Una vez terminado el encuentro, algunos fuimos con Fernanda al bar de la esquina y continuamos charlando. Fernanda perdió su billetera y ahí comenzó una peripecia de llamadas telefónicas, idas y vueltas. hasta que la encontramos, obviamente, en el baúl del auto de Luján.
10.8.07
El primer invitado del año fue Eduardo Molinari.
Llegó y nos sentamos a escucharlo, mientras mostraba parte de su producción en la computadora. De entrada, sabíamos que era necesaria la presentación de las imágenes a través de la compu, pero que su trabajo iba mucho más allá de ello.
Ël basa su práctica artística en el caminar, en la construcción de la memoria, en las vueltas del lenguaje, pensando cómo no siempre las palabras dicen lo que dicen las imágenes, y animándose, quizás, a revertir o resaltar o trastocar o inventar lo que pensamos podría ser un documento.
Uno de los temas que surgió fue, a mi modo de ver, como tratar de construir una narración a partir de una experiencia, como hacer relato de lo no siempre transmisible (cosa que me pregunto, al menos yo, constantemente) y como aprovecharse de esa “historia lineal” ya digerida, para abrir allí brechas, nuevamente, trastocando, resaltando, o simplemente develando.
Todo el tiempo pensé en el colectivo Wu Ming, ya que ellos trabajan a partir de historias reales, metiendo sus propios personajes y contando sus propias historias, abriendo casi paréntesis en los períodos temporales trabajados.
Pensaba esto porque Eduardo nos mostró una serie de collages que realizó usando como “base” fotografías del Archivo General de la Nación, y partiendo de la base que arte, historia y política siempre están relacionadas, y cómo alterando algunos órdenes podemos quizas encontrar nuestros propios puntos de inflexión en “la historia”, arrojando una nueva historia.
En un momento Eduardo mencionó al artista Christian Boltansky, quien propone “sitios de encrucijada”, pensando en mundos –que fundamos- que se abren y se cierran, produciendo atemporalidades que permiten otro tipo de leyes que lo rigen, y a su vez, otro tipo de interpretaciones (el levante puede ser una de estas atemporalidades?).
A partir de trabajar con estas fotografías, él comenzó a hacer un archivo propio, que luego fue ampliando con imágenes y objetos difenretes, que fue recolectando.
Fundó lo que él llama el “Archivo Caminante”, un “archivo de potencias”, pensado desde un lugar donde los “objetos del pasado”, modificados o descontextualizados, pueden no modificar ese pasado de donde provienen, sino habilitar un nuevo conocimiento de ese pasado.
A partir de este archivo caminante, Eduardo empezó a construir sus propios documentos, apelando a la idea del falsificador, y, nuevamente pensando en la manipulación que se ejerce de la experiencia y de la historia para la construcción del relato (o de los relatos).
Con Gabriela Gabelich recordamos que en un momento hablamos de “archivos inútiles”, término inventado por gaby pero que yo le pedí de compartir, y mientras lo comentamos, nos dimos cuenta de que casi todos poseemos un archivo inútil, esperando ahí, como “archivo de potencias”. Sin querer, un arma en nuetras manos.
Eduardo habló también del Colectivo Situaciones y del concepto de investigación militante. (concepto que retomó en estos días Marcelo Expósito durante su presentación).
La investigación militante supone una investigación en inmanencia y en una suerte se continuum, de intervención directa, de participación real y no de mera investigación externa, estableciendo lazos amorosos con el entorno y con los otros.
Después de almorzar, Eduardo nos leyó un texto: “El andar como práctica estética”, de Francesco Careri, en el cual se describen los distintos modos del caminante, complemento fantástico para la presentación del sábado anterior, donde la ciudad formó parte del recorrido de las obras de la mañana, teniendo a la ciudad como modificadora y modificada.
Es posible, entonces, hacer los recortes en la historia para contar nuestras historias, el pasado, el presente, los objetos, las ciudades, el cuerpo como elementos y como disparadores.
Aquí aparece el nombre de Suely Rolnik y su texto “Geopolítica del rufián”, donde destaca Eduardo el concepto de “cuerpo vibrátil”, no ya el cuerpo anestesiado de la década pasada, sino el cuerpo sentido como brújula, atravesado y atravesador, por el otro, por el mundo, por los acontecimientos, el cuerpo como participante activo de todos estos procesos que nos definen, nos forman, nos relacionan unos con otros, y, por suerte, nos recuperan.
Llegó y nos sentamos a escucharlo, mientras mostraba parte de su producción en la computadora. De entrada, sabíamos que era necesaria la presentación de las imágenes a través de la compu, pero que su trabajo iba mucho más allá de ello.
Ël basa su práctica artística en el caminar, en la construcción de la memoria, en las vueltas del lenguaje, pensando cómo no siempre las palabras dicen lo que dicen las imágenes, y animándose, quizás, a revertir o resaltar o trastocar o inventar lo que pensamos podría ser un documento.
Uno de los temas que surgió fue, a mi modo de ver, como tratar de construir una narración a partir de una experiencia, como hacer relato de lo no siempre transmisible (cosa que me pregunto, al menos yo, constantemente) y como aprovecharse de esa “historia lineal” ya digerida, para abrir allí brechas, nuevamente, trastocando, resaltando, o simplemente develando.
Todo el tiempo pensé en el colectivo Wu Ming, ya que ellos trabajan a partir de historias reales, metiendo sus propios personajes y contando sus propias historias, abriendo casi paréntesis en los períodos temporales trabajados.
Pensaba esto porque Eduardo nos mostró una serie de collages que realizó usando como “base” fotografías del Archivo General de la Nación, y partiendo de la base que arte, historia y política siempre están relacionadas, y cómo alterando algunos órdenes podemos quizas encontrar nuestros propios puntos de inflexión en “la historia”, arrojando una nueva historia.
En un momento Eduardo mencionó al artista Christian Boltansky, quien propone “sitios de encrucijada”, pensando en mundos –que fundamos- que se abren y se cierran, produciendo atemporalidades que permiten otro tipo de leyes que lo rigen, y a su vez, otro tipo de interpretaciones (el levante puede ser una de estas atemporalidades?).
A partir de trabajar con estas fotografías, él comenzó a hacer un archivo propio, que luego fue ampliando con imágenes y objetos difenretes, que fue recolectando.
Fundó lo que él llama el “Archivo Caminante”, un “archivo de potencias”, pensado desde un lugar donde los “objetos del pasado”, modificados o descontextualizados, pueden no modificar ese pasado de donde provienen, sino habilitar un nuevo conocimiento de ese pasado.
A partir de este archivo caminante, Eduardo empezó a construir sus propios documentos, apelando a la idea del falsificador, y, nuevamente pensando en la manipulación que se ejerce de la experiencia y de la historia para la construcción del relato (o de los relatos).
Con Gabriela Gabelich recordamos que en un momento hablamos de “archivos inútiles”, término inventado por gaby pero que yo le pedí de compartir, y mientras lo comentamos, nos dimos cuenta de que casi todos poseemos un archivo inútil, esperando ahí, como “archivo de potencias”. Sin querer, un arma en nuetras manos.
Eduardo habló también del Colectivo Situaciones y del concepto de investigación militante. (concepto que retomó en estos días Marcelo Expósito durante su presentación).
La investigación militante supone una investigación en inmanencia y en una suerte se continuum, de intervención directa, de participación real y no de mera investigación externa, estableciendo lazos amorosos con el entorno y con los otros.
Después de almorzar, Eduardo nos leyó un texto: “El andar como práctica estética”, de Francesco Careri, en el cual se describen los distintos modos del caminante, complemento fantástico para la presentación del sábado anterior, donde la ciudad formó parte del recorrido de las obras de la mañana, teniendo a la ciudad como modificadora y modificada.
Es posible, entonces, hacer los recortes en la historia para contar nuestras historias, el pasado, el presente, los objetos, las ciudades, el cuerpo como elementos y como disparadores.
Aquí aparece el nombre de Suely Rolnik y su texto “Geopolítica del rufián”, donde destaca Eduardo el concepto de “cuerpo vibrátil”, no ya el cuerpo anestesiado de la década pasada, sino el cuerpo sentido como brújula, atravesado y atravesador, por el otro, por el mundo, por los acontecimientos, el cuerpo como participante activo de todos estos procesos que nos definen, nos forman, nos relacionan unos con otros, y, por suerte, nos recuperan.
p.d.: elijo un link, entre tantos, a la obra de Eduardo.
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